Aidita Selman, la mente detrás del montaje, aprovechó el momento de máxima exposición para hacer pública una deuda que, según asegura, asciende a casi dos millones de pesos. El dinero, correspondiente a su trabajo de producción, no ha sido cancelado por la familia del artista homenajeado, pese a promesas que se han extendido por meses.
"Nos dijeron que se pagaría con la venta de unos bienes, pero esas transacciones no se han realizado", explicó, evidenciando la incertidumbre que rodea el caso.
Aidita Selman: El Brillo de los Reflectores…
La situación no solo es una cuestión de honorarios pendientes. Selman reveló que, para cumplir con los pagos al equipo de trabajo, ha tenido que asumir compromisos económicos con recursos propios, llegando incluso a recurrir a préstamos. "Cuando un proyecto no funciona económicamente, uno busca la manera de cumplir: toma prestado, paga y luego intenta recuperarse", afirmó, describiendo una realidad común en el gremio donde los productores a menudo cargan con el costo de los tropiezos ajenos.
Aunque el premio Soberano representa un hito artístico, para Selman el logro está matizado por la presión financiera. "Suena muy bonito ganar el premio, pero también me llevo dos tristezas que pesan más que la estatuilla", confesó, mezclando orgullo por el trabajo realizado con la carga emocional de una deuda que amenaza su estabilidad. Su preocupación no es solo personal: insiste en que lo lógico es que se salde la deuda con todos los involucrados, no solo con ella.
El reconocimiento llega, entonces, acompañado de una paradoja. Un espectáculo que logró cautivar al público y a la crítica ahora se convierte en el escenario de una disputa económica que pone en jaque el futuro de su productora. Mientras Selman espera una solución que parece demorarse, el premio sigue siendo un símbolo de excelencia artística, pero también un recordatorio de que, en el mundo del entretenimiento, el éxito en el escenario no siempre se traduce en tranquilidad fuera de él.
📰 Fuente: diariolibre.com






