El Gas se Enciende en el Golfo

Las llamas que devoraron el mayor terminal de gas natural licuado del planeta no solo consumieron infraestructura: prendieron la alerta global sobre una crisis energética que ya no es hipotética. En menos de 48 horas, el ataque iraní a Ras Lafan, en Catar, y la represalia contra el yacimiento compartido South Pars-North Dome reescribieron las reglas de un conflicto que ya no se limita a misiles y drones, sino a la sangre económica del planeta.

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Oriente Medio: El Gas se Enciende en…

El golpe se sintió de inmediato en las bolsas. El barril de Brent del mar del Norte escaló casi un 10 % y se situó en 118. 03 dólares, mientras el West Texas Intermediate (WTI) ganó un 2.

59 %, hasta 98. 81 dólares. El fuego en Catar no solo dañó instalaciones: prendió la mecha de una escalada que amenaza con convertir al Golfo en un polvorín energético.

Irán justificó su ofensiva como respuesta a un ataque israelí contra South Pars, la mayor reserva de gas conocida del mundo, que abastece cerca del 70 % del gas natural doméstico de la república islámica. El golpe fue directo a la columna vertebral energética de Teherán. La réplica no se hizo esperar: dos ataques consecutivos contra Ras Lafan, el complejo industrial y puerto de exportación de gas natural licuado (GNL) más grande del mundo, provocaron daños considerables, según QatarEnergy.

Aunque los incendios fueron controlados y no se reportaron víctimas, el mensaje fue claro: ningún punto de producción está a salvo.

La represalia no se detuvo en Catar. Un dron impactó la refinería saudita de Samref, en Yanbu, con capacidad para procesar más de 400,000 barriles diarios. La infraestructura es clave: es la alternativa a la exportación por el estrecho de Ormuz, prácticamente bloqueado por Irán.

El crudo que llega desde el este de Arabia Saudita a través del oleoducto Petroline encuentra en Yanbu su puerta al mar Rojo. Más al norte, en Kuwait, dos refinerías estatales —Mina Abdullah y Mina Al Ahmadi, con capacidad combinada de 800,000 barriles diarios— también fueron alcanzadas por drones, provocando incendios que, según la Kuwait National Petroleum Company, fueron controlados sin víctimas.

El conflicto ya no es bilateral. Arabia Saudita advirtió que se reserva el derecho de responder militarmente a Irán, que ataca regularmente su territorio con drones y misiles. Catar, segundo exportador mundial de GNL, lamentó que los ataques "cruzaran todas las líneas rojas al tener como objetivo a civiles e instalaciones vitales".

La escalada llegó hasta la mesa…

La escalada llegó hasta la mesa del presidente estadounidense Donald Trump, quien confirmó el ataque israelí a South Pars y lanzó una advertencia sin precedentes: si Irán ataca nuevamente a Catar, Estados Unidos "volará masivamente la totalidad del yacimiento de gas de South Pars" con o sin consentimiento de Israel. La amenaza no solo apunta a un activo estratégico: es un aviso de que Washington está dispuesto a pasar de la contención a la destrucción si la estabilidad energética global se ve comprometida.

En el centro de la tormenta está el estrecho de Ormuz, por donde transita 20 % del petróleo y gas mundiales. Irán no solo lo bloquea: según diputados citados por medios locales, estudia instaurar un sistema de derechos e impuestos para los buques que lo transiten, convirtiendo un corredor estratégico en una vía de peaje geopolítico. La Organización Marítima Internacional (OMI) se reunió de urgencia en Londres para exigir la creación de un corredor marítimo seguro, ante la estimación de 20,000 marinos varados en 3,200 barcos cerca del estrecho.

La comunidad internacional reacciona con creciente alarma. El presidente francés Emmanuel Macron calificó la escalada de "imprudente" y urgió conversaciones directas entre estadounidenses e iraníes. El llamado llega tarde: en casi tres semanas, la guerra ha dejado más de 2,200 muertos, principalmente en Irán y Líbano, donde el segundo frente abierto contra el movimiento proiraní Hezbolá mantiene en vilo a toda la región.

El fuego en Catar no es un incidente aislado. Es el síntoma de una crisis que ya no se limita a la geopolítica tradicional: es una amenaza estructural a la seguridad energética global. Si el conflicto prosigue, el próximo apagón podría no ser el de una ciudad, sino el de un continente.

Y el precio del barril sería solo el comienzo.

📰 Fuente: diariolibre.com