La Semana Santa de 2025 se vive bajo la sombra de conflictos que han llevado el temor y la incertidumbre a cada rincón del planeta. En Tierra Santa, en Ucrania, en el Golfo Pérsico, la guerra no da tregua.
Y sin embargo, en el corazón de Roma, un grupo de más de 30. 000 personas de distintas nacionalidades se reúne para participar en el tradicional viacrucis papal, buscando en la fe un respiro frente al ruido de los cañones.
León XIV: La Luz de los Cirios…
Entre ellos se encuentra Sarah, una mujer palestina católica residente en Estados Unidos, que llegó desde Nazareth con la esperanza de que la paz no sea solo un anhelo. "Desgraciadamente, política y religión no son una buena combinación", admite, tras esperar más de cinco horas para presenciar el acto. Aun así, insiste: "Necesitamos la paz en Tierra Santa".
Para ella, los llamados del papa tienen un valor "simbólico", pero no pierde la convicción de que el diálogo sigue siendo posible.
El papa León XIV, en su primer viacrucis desde que asumió el pontificado, retoma una tradición que Francisco había debido abandonar por razones de salud. El gesto no pasa desapercibido: el obispo de Roma carga personalmente una gran cruz de madera por las 14 estaciones, recordando el recorrido de Jesús hasta su crucifixión. Un acto de humildad que, según fieles como Augustin Ancel, desde París, envía "un mensaje fuerte" sobre la cercanía del pontífice con el sufrimiento humano.
Geryes Bejjani, un libanés de 33 años, viajó con amigos para "traer un mensaje de paz y de coexistencia", consciente de las dificultades que impone el contexto internacional. "El papa es el único líder político sin interés personal", afirma. "No hay una agenda oculta, no hay ambigüedades en su mensaje.
Y esa es su fuerza". Sus palabras reflejan el deseo de muchos de que la voz papal trascienda las fronteras y llegue a quienes toman las decisiones en los despachos del poder.
La tensión internacional ha escalado dramáticamente en los últimos meses. Estados Unidos e Israel desencadenaron hostilidades el 28 de febrero al bombardear Irán, desatando una cadena de ataques retaliatorios en estados del Golfo y el bloqueo efectivo del estratégico estrecho de Ormuz. En paralelo, el conflicto en Ucrania sigue su curso con consecuencias globales.
Ante este escenario, el papa ha mantenido contactos telefónicos con líderes como el presidente israelí Isaac Herzog y el ucraniano Volodímir Zelenski, y ha instado públicamente a figuras como Donald Trump a buscar una salida negociada.
Sin embargo, no todos comparten el optimismo
Sin embargo, no todos comparten el optimismo. Inés Duplessis, una francesa de 29 años que viajó desde París para las celebraciones, reconoce el valor simbólico del gesto, pero se muestra pesimista: "Para mí, es muy simbólico, pero nada más. Por desgracia, hay tantos intereses políticos y económicos que es un esfuerzo casi perdido".
Sus palabras reflejan la desazón de quienes ven en la política internacional un laberinto de intereses contrapuestos donde la voz moral parece perderse.
El viacrucis en el Coliseo no es solo un acto religioso; es un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, la esperanza persiste. Patrick Buehler, un estudiante estadounidense de 20 años que cursa un semestre en Roma, ve en la elección de un papa nacido en Estados Unidos "una gran bendición" para su país. Para él, como para muchos otros, la presencia papal es un ancla en tiempos de incertidumbre.
El domingo por la mañana, León XIV presidirá la misa de Pascua en la plaza de San Pedro y pronunciará su tradicional bendición "Urbi et Orbi", un mensaje que, en esta ocasión, se espera con especial atención. En un mundo donde las palabras de los líderes políticos a menudo suenan huecas, la voz del papa sigue siendo escuchada con respeto, incluso por quienes no comparten su fe.
Sarah, de pie frente al Coliseo iluminado, resume el sentir de muchos: "Siempre hay esperanza. Si perdemos la esperanza, la vida ya no tiene valor". En sus palabras late la convicción de que, más allá de los gestos simbólicos, la fe y el diálogo siguen siendo herramientas indispensables para construir un futuro en el que la paz no sea solo un anhelo, sino una realidad posible.
📰 Fuente: diariolibre.com






