Más de 30 mil fieles de todo el mundo guardan vigilia bajo los arcos del Coliseo, en una noche donde la luz de los cirios parece desafiar las sombras de las guerras que sacuden el planeta. Es viernes santo y, por primera vez desde 2022, un papa camina en persona las 14 estaciones del viacrucis, llevando sobre sus hombros una cruz de madera que revive el recorrido de Jesús hasta su sepultura.
León XIV: Un Silencio de Velas Ilumina…
La figura que encabeza la procesión es la de León XIV, el pontífice de 70 años que ha recuperado una tradición interrumpida por la salud de Francisco, fallecido el lunes de Pascua de 2025 a los 88 años. El gesto, sencillo y cargado de simbolismo, no pasa desapercibido para los asistentes. "Es también una forma de humildad", observa Augustin Ancel, visitante parisino.
"Del papa tendemos a tener una imagen de lejanía, por pensar que es alguien que tiene un rol muy importante".
Entre la multitud que espera pacientemente, se encuentra Sarah, una palestina católica nacida en Nazareth y residente en Estados Unidos. Frente al imponente anfiteatro, suspira: "Desgraciadamente, política y religión no son una buena combinación". Sin embargo, mantiene viva la esperanza: "Necesitamos la paz en Tierra Santa".
Su voz se pierde en la noche, como la de otros que ven en los llamados del papa un valor más bien "simbólico". "Los gobiernos no escuchan. Siguen actuando a su antojo.
Prometen pero no cumplen sus promesas", lamenta.
El contexto que rodea esta vigilia es especialmente tenso. Horas antes, el jefe de la Iglesia católica había conversado telefónicamente con el presidente israelí Isaac Herzog y el ucraniano Volodímir Zelenski, reiterando su llamado a la paz. El martes, en un gesto inusual, invitó al entonces presidente estadounidense Donald Trump a "encontrar una salida" al conflicto que arrasa Oriente Medio.
La situación se agravó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel desencadenaron la guerra al bombardear Irán, que respondió con ataques en estados del Golfo y un bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz.
En este escenario, voces como la de Inés Duplessis, una joven francesa de 29 años que viajó desde París, reflejan un escepticismo compartido por muchos: "Para mí, es muy simbólico, pero nada más. Por desgracia, hay tantos intereses políticos y económicos que es un esfuerzo casi perdido".
Sin embargo, no todos comparten esa visión
Sin embargo, no todos comparten esa visión. Geryes Bejjani, un libanés de 33 años, vino con amigos para "traer un mensaje de paz y de coexistencia", pese a las dificultades de viajar en tiempos de conflicto. "El papa es el único líder político sin interés personal", afirma.
"No hay una agenda oculta, no hay ambigüedades en su mensaje. Y esa es su fuerza".
La procesión se desarrolla en un silencio solo interrumpido por los cantos litúrgicos y las meditaciones leídas a través de un micrófono. León XIV, con los ojos cerrados, escucha atentamente cada palabra. Su presencia física en el viacrucis marca un regreso a la tradición observada por Juan Pablo II y Benedicto XVI, y es vista por muchos como un mensaje poderoso en tiempos de incertidumbre.
Para Patrick Buehler, un estudiante de Tennessee de 20 años que llegó a Roma en un viaje universitario, la experiencia tiene un matiz especial: "Es una gran bendición para Estados Unidos tener un papa nacido allí". La diversidad de los asistentes —familias, laicos y religiosos— refleja la universalidad de un gesto que trasciende fronteras y creencias.
El domingo por la mañana, León XIV presidirá la misa de Pascua en la plaza de San Pedro antes de pronunciar su tradicional bendición "Urbi et Orbi", un mensaje típicamente político que este año se espera con especial anticipación. En un mundo marcado por el conflicto y la división, las palabras del papa tendrán un peso particular.
Mientras tanto, en el Coliseo, la noche avanza y las velas siguen ardiendo. Sarah, la palestina que esperó más de cinco horas, resume el sentir de muchos: "Siempre hay esperanza. Si perdemos la esperanza, la vida ya no tiene valor".
En un escenario donde la política y la guerra parecen dominar el panorama, la fe y la solidaridad de miles de personas ofrecen un contrapunto luminoso, recordando que, incluso en los momentos más oscuros, la humanidad puede encontrar un punto de encuentro en la búsqueda compartida de la paz.
📰 Fuente: diariolibre.com






