La basura arrojada a las cañadas se convirtió en el principal detonante de las inundaciones que afectaron a miles de familias en el Gran Santo Domingo. Las 800, Guajimía y Arroyo Lebrón fueron los más golpeados cuando las aguas desbordadas convirtieron calles en ríos y hogares en islas de desesperación.
CAASD: Cañadas Colapsadas y Conciencia Perdida…
La madrugada del miércoles pasado quedará grabada en la memoria de los capitalinos. Lluvias torrenciales, que según expertos superaron los 300 milímetros, desbordaron los cauces naturales de agua. Sin embargo, el verdadero problema no fue solo la cantidad de lluvia, sino lo que los ciudadanos habían arrojado durante meses y años a esos mismos cauces: toneladas de residuos sólidos que actuaron como tapones mortales.
Felipe Suberví, director de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (Caasd), explicó que las cañadas colapsaron porque estaban obstruidas por desechos. "La basura fue el principal factor del desborde", afirmó categóricamente. Su llamado fue directo: se necesita conciencia ciudadana para descontinuar la práctica de lanzar residuos a los cauces naturales.
El problema no es nuevo, pero…
El problema no es nuevo, pero la magnitud de esta emergencia lo puso en evidencia con crudeza. Mientras algunos sectores permanecían bajo el agua, otros vecinos rescataban enseres y buscaban refugio en albergues improvisados. La basura acumulada durante meses convirtió cada cañada en una bomba de tiempo que finalmente explotó.
Suberví también señaló que la oposición política puede jugar un papel constructivo. "Puede contribuir difundiendo informaciones que reflejen la realidad de los problemas", dijo, abriendo la puerta al diálogo y a soluciones colectivas más allá de las diferencias partidarias.
El llamado urgente es a la prevención. Las lluvias continuarán y, sin un cambio de hábitos, las inundaciones se repetirán. La solución no solo está en las obras de infraestructura, sino en la responsabilidad de cada ciudadano que decide dónde termina su basura.
El agua encontró su camino, pero la basura se lo impidió. Ahora, el desafío es despejar el camino antes de que llegue la próxima tormenta.
📰 Fuente: diariolibre.com






