Un hecho violento en plena vía pública volvió a exponer los riesgos de la justicia por mano propia en las calles dominicanas. Un conductor que transitaba por la Circunvalación Norte de Santiago fue perseguido y agredido por un grupo de motoristas, en un episodio que terminó con su vida y encendió las alarmas sobre un fenómeno que se ha vuelto recurrente en distintas partes del país.
Motoristas: Muerte en la Circunvalación: la…
Según versiones preliminares, el incidente comenzó con un roce entre un camión recolector de basura y una motocicleta. El conductor, identificado como David Carlos Abreu Quesada, de 40 años, decidió abandonar el lugar. Lo que siguió fue una persecución por varias calles de la ciudad, hasta que el hombre intentó refugiarse en el Palacio de Justicia de Santiago.
Allí fue interceptado por varios motoristas, quienes lo atacaron con un arma blanca. Tras ser herido, fue trasladado al hospital Presidente Estrella Ureña, donde falleció.
El caso, que quedó grabado en video y circuló en redes sociales, generó indignación y conmoción. La Policía Nacional confirmó la detención de ocho motoristas involucrados en la agresión, quienes fueron puestos a disposición del Ministerio Público para fines de investigación. Las autoridades no descartan que puedan presentarse más arrestos a medida que avancen las pesquisas.
Este episodio no es aislado
Este episodio no es aislado. En los últimos meses se han registrado múltiples denuncias de persecuciones colectivas contra conductores, muchas de ellas filmadas y difundidas en plataformas digitales. En algunos casos, las agresiones terminan solo en daños materiales, pero en otros, como este, el saldo es fatal.
La reacción inmediata y violenta de algunos motoristas ante incidentes de tránsito parece responder a un sentimiento de impunidad y a la creencia de que la ley no actúa con la celeridad que demandan.
Expertos en seguridad vial y criminología han advertido que este tipo de comportamientos no solo ponen en riesgo vidas, sino que también erosionan el tejido social. La convivencia pacífica en las vías requiere respeto mutuo y apego a las normas, pero también de una respuesta institucional eficaz que disuada la violencia y garantice justicia para las víctimas.
El caso de Santiago ha reavivado el debate sobre cómo prevenir estos hechos y qué medidas adoptar para evitar que se repitan. Mientras la justicia avanza en el esclarecimiento de lo ocurrido, la sociedad queda a la espera de respuestas que garanticen que las calles dejen de ser escenarios de venganzas colectivas y vuelvan a ser espacios de tránsito seguro para todos.
📰 Fuente: diariolibre.com






