Los Muchachos de la Democracia: 36 Años Después

El general retirado José Miguel Soto Jiménez decidió que era hora de contar una historia que marcó un antes y un después en la historia dominicana. En su libro "Los muchachos de la democracia", publicado 36 años después de los hechos, el autor asume una deuda moral con aquellos oficiales que defendieron la voluntad popular en momentos críticos para el país.

Leer artículo completo → 5 min de lectura

Jiménez: Los Muchachos de la Democracia:…

"En el 90 no buscábamos el poder, sino defender la expresión del pueblo", explica Soto Jiménez, quien se desempeñó como Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas entre 2000 y 2004. El militar narra cómo un grupo de oficiales de primer nivel se unieron en 1990 para proteger la voluntad popular durante una crisis electoral que sacudió al país y que involucró a tres líderes históricos: Joaquín Balaguer del Partido Reformista Social Cristiano, Juan Bosch del Partido de la Liberación Dominicana y José Francisco Peña Gómez del Partido Revolucionario Dominicano.

La mayoría de esos cien militares, encabezados por Soto Jiménez, eran jóvenes con bríos idealistas y constitucionalistas. "Para esa época, yo estaba completamente inmerso en asuntos puramente militares, tanto en el comando de mi unidad, el Sexto Batallón de Cazadores, como en la docencia periódica en el curso de Comando y Estado Mayor", relata el autor.

La historia se remonta al 16 de mayo de 1990, en medio de cuestionamientos electorales durante el gobierno de Balaguer y las denuncias de fraude que marcaron la contienda en la que participaba el profesor Juan Bosch. En ese contexto, surgió dentro de las Fuerzas Armadas un grupo de oficiales con una visión distinta del rol militar. "Si se revisa la historia, los movimientos militares buscaban el poder.

Nosotros queríamos proteger la voluntad popular", sostiene Soto Jiménez.

Ese grupo, sin nombre formal para evitar ser detectado por los organismos de inteligencia, fue bautizado por el expresidente Hipólito Mejía como "los muchachos de la democracia", una denominación que terminó definiendo su identidad y dando título al libro. Soto Jiménez reconoce que, visto desde hoy, se trató de una "anomalía institucional", pero insiste en que respondió a otra anomalía mayor: el riesgo de desconocer el voto ciudadano.

El movimiento creció de forma sostenida hasta alcanzar cerca de 170 oficiales en 1994, año clave por la crisis electoral vinculada al líder de masas Peña Gómez. Al preguntarle si el objetivo era una acción subversiva, respondió tajante que el grupo nunca ejecutó levantamientos ni enfrentamientos internos, ni hubo derramamiento de sangre. Su actuación se mantuvo dentro de una lógica de contención.

Años después, varios de esos oficiales alcanzaron posiciones de mando y desde allí impulsaron reformas para la profesionalización y despolitización de las Fuerzas Armadas. Según explica Soto Jiménez, se diseñó un plan integral de institucionalidad que sirvió de base para decisiones adoptadas en el gobierno del presidente Mejía (2000-2004) y que, asegura, fue continuado por administraciones posteriores, incluyendo la de Leonel Fernández (2004-2012).

El autor del libro menciona en…

El autor del libro menciona en su obra el papel desempeñado por un grupo de oficiales entre los que se destacan Manuel Ernesto Polanco Salvador, José González Ramírez, Jorge Zorrilla Ozuna, Eurípides Uribe Peguero y otros coroneles que "estaban comprometidos con la defensa de la institucionalidad democrática, asumiendo decisiones firmes orientadas a preservar la estabilidad institucional del país".

"El gran legado no es el grupo en sí, sino lo que se construyó después: unas Fuerzas Armadas más institucionales, subordinadas al poder civil y alejadas de la política", resume Soto Jiménez. El exembajador en Taiwán y los Emiratos Árabes Unidos hace énfasis en que este legado institucional perdura hasta hoy.

Más de tres décadas después de este episodio de la historia reciente, Soto Jiménez evalúa que la construcción de la democracia comenzó décadas atrás a partir de la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Al analizar la democracia dominicana hoy, el escritor evita hablar de "si la tenemos o no", más bien la describe como un proceso en desarrollo. "Hemos avanzado mucho.

Es una democracia en construcción", afirma.

Sin embargo, advierte que el mayor riesgo es el retroceso. "No podemos permitir que la democracia involucione. Ha costado demasiado llegar hasta aquí", señala.

Ante la pregunta sobre qué rol deben jugar los partidos políticos para proteger la democracia y el país, su análisis es claro: "El interés nacional debe estar por encima de cualquier interés particular. Las organizaciones políticas deben fortalecer el Estado de derecho, evitar prácticas que generen desigualdades y actuar con responsabilidad institucional".

Al mismo tiempo, coloca al ciudadano en el centro del sistema. "Hoy el principal actor político es el ciudadano consciente de sus derechos y deberes", enfatiza. Insiste en que la democracia no puede estar limitada a un concepto formal.

Debe traducirse en bienestar.

Frente a tensiones globales y escenarios de incertidumbre, el exministro apuesta por el fortalecimiento del sistema democrático. "La democracia no se debilita con más democracia, se fortalece. Se cura con más democracia", resume.

Expresa que los integrantes de "Los muchachos de la democracia" hoy están dispersos en distintas corrientes políticas, lo que, a su juicio, confirma que nunca "respondieron a intereses partidarios".

José Miguel Soto Jiménez le dedica el libro al líder que apostó a la preservación de la democracia, José Francisco Peña Gómez, a quien cita así: "Al doctor Peña Gómez, a los 27 años de su partida, ‘porque la muerte no releva a los hombres del compromiso con la amistad’".

📰 Fuente: diariolibre.com