Beca Michel Camilo abrió camino del talento dominicano a Berklee

Durante años, Michel Camilo tuvo a Berklee College of Music como un anhelo a distancia. No pisó sus aulas como estudiante, pero terminó convirtiéndose en uno de sus aliados más influyentes. Hoy, dos décadas después de la creación de la Beca Michel Camilo , el pianista y compositor dominicano celebra Durante años, Michel Camilo tuvo a Berklee College of Music como un anhelo a distancia. No pisó sus aulas como estudiante, pero terminó convirtiéndose en uno de sus aliados más influyentes. Hoy, dos décadas después de la creación de la Beca Michel Camilo , el pianista y compositor dominicano celebra no solo un aniversario simbólico, sino una historia concreta de oportunidades, disciplina y sueños cumplidos . … [Leer completo]

Creada en 2006, la beca ha permitido que cuatro jóvenes músicos dominicanos -Javier Rosario, Roger De La Rosa, Diego Ureña Santana y Alejandro Taveras- cursen estudios completos en una de las instituciones musicales más prestigiosas del mundo. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Javier Rosario (@javierrosarioguitar) Detrás de esa cifra aparentemente modesta se esconde una inversión de más de medio millón de dólares y, sobre todo, una filosofía de vida : el compromiso de devolver lo aprendido y abrir caminos donde antes parecía imposible.

Camilo lo cuenta a Diario Libre sin grandilocuencia, con la serenidad de quien ha recorrido el trayecto completo y esa sonrisa que forma parte de su personalidad: “Yo no pude ir a Berklee cuando era joven, aun cuando hubo una posibilidad de beca . Era un momento económico difícil y, además, mis padres querían que yo fuera médico”. Esa imposibilidad inicial terminó convirtiéndose en el motor de una iniciativa que hoy cumple 20 años y que coincide, además, con la consolidación del programa Berklee en Santo Domingo. Una espinita convertida en proyecto

Michel Camilo creó la beca que lleva su nombre en 2006.

( NEAL CRUZ ) La relación de Michel Camilo con Berklee comenzó de manera poco convencional. Ante la imposibilidad de asistir de forma presencial, optó por estudiar por correspondencia , a través de los cursos que la institución ofrecía en teoría musical, jazz, arreglos, armonía e improvisación. “Esos fueron mis primeros estudios académicos de jazz, aunque yo venía del mundo clásico ”, recuerda. Paradójicamente, su primera visita física al campus fue como profesor invitado . Llegó para impartir clases magistrales y, con el tiempo, se integró a un programa de residencias para músicos profesionales. Años más tarde, Berklee le otorgaría un doctorado honoris causa , sellando una relación que ya era profunda y simbólica. Sin embargo, la idea de crear una beca no nació de un plan estratégico, sino de una inquietud persistente.

“Se me quedó la espina”, admite. Aquella sensación de que otros jóvenes dominicanos no debían enfrentar las mismas barreras que él había conocido fue tomando forma hasta convertirse en un proyecto tangible . La logística inicial no fue sencilla. El punto de partida fue la recaudación de fondos, con el apoyo decisivo de un amigo cercano, Mike Dreese , chairman de Newbury Comics en Boston, quien junto a su esposa aportó 100 mil dólares como base de la beca . A eso se sumó una noche de jazz y vinos en Nueva York, sin entradas fijas ni precios establecidos. El resultado: 67 mil dólares recaudados en una sola velada, impulsada por la generosidad y el amor por la música. Más que una beca, una misión La Beca Michel Camilo es una beca presidencial completa . Cubre matrícula, alojamiento y comidas, lo que hoy equivale a unos 250 mil dólares por estudiante.

“Mi sueño es que sea perpetua , a través de un endowment de dos millones de dólares. Berklee administrará esos fondos. Ojalá lo logremos”, comenta el músico, sin ocultar la noble ambición de ese objetivo. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Dir. Gral. de Bellas Artes (@bellasartesrd) Para Camilo, haber sido pionero en este proceso tiene un significado profundo. Creció en una época en la que la música no se concebía como una profesión viable. “Se esperaba que uno fuera médico, ingeniero o abogado”, dice. Él mismo estudió medicina durante tres años y medio antes de dar el salto definitivo hacia la música, una decisión que implicó riesgos, sacrificios y un plan de vida cuidadosamente diseñado junto a su esposa, Sandra. Ese plan los llevó a Nueva York en 1979. Cuatro años después, en 1983, ocurrió el punto de inflexión: una llamada de Tito Puente para sustituir a un pianista en el Festival de Jazz de Montreal. Sin ensayo previo, Camilo subió al escenario. Paquito D’Rivera lo escuchó allí mismo y lo contrató. “A la semana estaba viajando a España . A partir de ahí se abrió todo”, recuerda. El talento no se enseña Cada año, la beca recibe cientos de solicitudes.

En la edición de este año han sido alrededor de 450, frente a los 33 que se presentaron en el 2006. Berklee realiza una preselección y envía unos 31 semifinalistas , que Michel Camilo escucha personalmente. “Siempre ha sido así”, afirma. Pero, ¿qué prioriza del ganador? Más allá de la técnica, busca algo difícil de definir pero fácil de reconocer. “ El arrojo, el carisma , la presencia. Que tengan algo que decir con su instrumento y lo dominen. La pasión . Eso se nota”, asegura. Te puede interesar