Una vida de sueños truncada por la violencia
los guaricanos: La Muerte de Randielis Michel…
En la tarde de un domingo cualquiera, el sector Los Guaricanos del municipio Santo Domingo Norte se vistió de luto. A sus veinte años, Randielis Michel Ruvecindo dejó de existir a manos de quien había sido su pareja desde la adolescencia. Pero más allá de la tragedia, lo que permanece en la memoria de quienes la conocieron es la imagen de una joven cuya esencia se resumía en una palabra repetida por su madre entre lágrimas: "buena, buena, buena".
La familia de Randielis insiste en que su asesinato no fue un final anunciado. "Ella no se metía con nadie", afirma Altagracia Ruvecindo, su madre, con la voz quebrada. No se trata de un elogio vacío.
Quienes compartieron con ella coinciden en describirla como una persona tranquila, cariñosa y ajena a los conflictos. "Si me veía discutiendo, se ponía guapa conmigo… no le gustaba que yo peleara con la gente", recuerda su madre.
Era la menor de tres hermanos y asumió pronto el rol de cuidadora, convirtiéndose en un pilar para su familia tras el fallecimiento de su padre, hace tres años.
El emprendimiento como forma de vida
Randielis no solo soñaba con un futuro mejor; trabajaba activamente por construirlo. Terminó su bachillerato, se graduó de un curso de cosmetología y proyectaba ingresar a la universidad. Mientras trazaba esos planes, desarrolló un negocio propio desde su casa, ofreciendo servicios de trenzas, postura de pelucas y tintado de cejas y labios por citas previas.
"Yo me estaba apoyando con ella", confiesa su madre. "A veces le decía: ‘ponme una recarga’, y ella me la ponía… ‘ella me decía, voy ahorita a llevarte algo’".
Esa independencia económica no era solo para ella; representaba un sostén fundamental para Altagracia, quien perdió a su esposo y encontró en su hija menor un apoyo incondicional. "Esa era la muchacha que me estaba ayudando a mí en la vida".
Un apodo que hablaba de su esencia
Un apodo que hablaba de su esencia
En el barrio la conocían como "la Sierva". No era un sobrenombre cualquiera, sino una denominación que reflejaba su forma de ser y la educación que recibió. "Uno la instruyó en los caminos", explica su tía Odaliza Ruvecindo, quien la recuerda entre lágrimas como "una niña alegre, tan contenta".
La pasión de Randielis por la belleza era evidente. "Esa era su ambición. Siempre quería hacer de todo.
Me decía: ‘Tía, yo voy a poner un local’". Su familia describe a una joven "pegajosa con todo el mundo", de esas personas que se ganan el cariño sin esfuerzo. "Aquí todo el mundo era loco con esa muchacha", repite su madre, y el sentimiento se extendía también a Los Guaricanos, donde vivió parte de su vida.
El silencio que rompe la violencia de género
La muerte de Randielis expone una realidad que muchas familias dominicanas enfrentan: la violencia de género que acecha incluso en relaciones que parecen estables. El hombre que le arrebató la vida no era un desconocido; era alguien con quien compartió años desde su adolescencia. Este tipo de casos evidencia cómo la violencia no siempre se manifiesta de manera evidente y cómo las señales de alerta pueden pasar desapercibidas o minimizarse.
Organizaciones de derechos de las mujeres han reiterado la importancia de reconocer patrones de comportamiento controlador o posesivo en las parejas, especialmente cuando involucran a jóvenes que inician relaciones en etapas tempranas de su vida.
La familia de Randielis clama por justicia, pero también por que su historia no quede en el olvido. Su tía Odaliza resume el sentir de quienes la amaron: "esa niña, uno la vio nacer". El dolor se mezcla con la indignación y la determinación de que su muerte no sea en vano.
Mientras las autoridades investigan las circunstancias del crimen, la comunidad reflexiona sobre cómo prevenir que otras jóvenes corran la misma suerte. El legado de Randielis podría transformarse en un llamado a la acción: crear espacios seguros para que las adolescentes y jóvenes mujeres puedan soñar, emprender y vivir sin miedo. Su ambición por tener "un local" donde ofrecer sus servicios de belleza se convierte ahora en un símbolo de lo que pudo ser y lo que muchas otras podrían lograr si se les brindan las condiciones adecuadas.
📰 Fuente: diariolibre.com






