Intervención militar en Venezuela y el debate constitucional
Durante años, Venezuela ha vivido bajo un régimen que controla todos los poderes del Estado y reprime de manera sistemática a la oposición política. Sin embargo, la intervención militar en Venezuela plantea un dilema crítico: si un fin considerado legítimo puede justificar medios que violan principios democráticos fundamentales. Ejecutar una acción armada sin la autorización del Congreso estadounidense representa una violación grave de la Constitución y sienta un precedente peligroso que erosiona el equilibrio de poderes.
Además, el uso unilateral de la fuerza como herramienta política refuerza una tendencia preocupante en la que el poder ejecutivo actúa de forma arbitraria. Este comportamiento no solo es riesgoso para la democracia interna de Estados Unidos, sino que también puede desencadenar consecuencias imprevisibles en el plano internacional.
Esperanza venezolana y riesgos de una nueva guerra
Para millones de venezolanos, estos acontecimientos se interpretan como una señal sorprendente del posible fin de una dictadura. Esa esperanza es comprensible, pero la historia demuestra que las intervenciones armadas suelen prolongar el sufrimiento cuando no existe un plan claro para la transición democrática.
La ausencia de una estrategia definida incrementa el riesgo de un vacío de poder que derive en violencia y crisis humanitaria prolongada, con impacto directo en América Latina y el Caribe.
Lecciones históricas y un impacto regional extraordinario
La experiencia histórica de América Latina demuestra que las intervenciones militares extranjeras del siglo XX dejaron profundas heridas. La República Dominicana conoce bien esas consecuencias: ocupaciones, golpes de Estado y autoritarismo no generaron democracia duradera.
Estas lecciones refuerzan la necesidad de que el pueblo venezolano lidere su propio destino, con apoyo diplomático internacional y respeto a la soberanía.
La intervención militar en Venezuela abre un debate esencial sobre democracia y legalidad. Para la República Dominicana y la región, la vía más prudente sigue siendo el respaldo a una transición democrática liderada por los propios venezolanos, evitando repetir errores históricos.






