Bajo la sombra de conflictos que arrasan Oriente Medio y Ucrania, miles de fieles se reunieron en el Coliseo romano para presenciar el primer viacrucis del papa León XIV, un gesto que muchos interpretan como un llamado urgente a la paz en un mundo fracturado por la violencia.
León XIV: La Esperanza en Tiempos de…
La vigilia de oración, celebrada la noche del viernes en medio de un silencio solo interrumpido por cantos litúrgicos y meditaciones, congregó a cerca de 30. 000 personas de diversas nacionalidades. Entre ellas, Sarah, una palestina católica residente en Estados Unidos, llegó cinco horas antes para asegurar un lugar.
"Necesitamos la paz en Tierra Santa", afirmó, aunque reconoció que los llamados del pontífice tienen, ante todo, un valor "simbólico". "Los gobiernos no escuchan. Siguen actuando a su antojo.
Prometen pero no cumplen sus promesas. Es política", lamentó.
El contexto de la ceremonia no podía ser más crítico. Estados Unidos e Israel desencadenaron la guerra el 28 de febrero al bombardear Irán, que ha respondido con ataques retaliatorios en estados del Golfo y un efectivo bloqueo del estratégico paso de Ormuz. En este escenario, el papa León XIV ha mantenido una intensa actividad diplomática, conversando telefónicamente con el presidente israelí Isaac Herzog y el ucraniano Volodímir Zelenski, y exhortando públicamente al presidente estadounidense Donald Trump a "encontrar una salida" al conflicto.
Geryes Bejjani, un libanés de 33 años que viajó con amigos para participar en la vigilia, destacó la posición única del pontífice. "El papa es el único líder político sin interés personal. No hay una agenda oculta, no hay ambigüedades en su mensaje.
Y esa es su fuerza", aseguró. Para Inés Duplessis, una francesa de 29 años que vino de París para las fiestas de Pascua, la ceremonia tiene un profundo valor simbólico, aunque admite que "hay tantos intereses políticos y económicos que es un esfuerzo casi perdido".
Esta fue la primera vez desde…
Esta fue la primera vez desde 2022 que el obispo de Roma participó en persona en esta conmemoración organizada desde 1964 en el Coliseo. El papa Francisco, fallecido el lunes de Pascua de 2025 a los 88 años, había tenido que dejar de asistir por motivos de salud. León XIV, de 70 años, escuchó con los ojos cerrados las meditaciones bajo la luz de los cirios y los focos que realzaban los arcos del anfiteatro.
El pontífice cargó él mismo una gran cruz de madera por las 14 estaciones que reviven el recorrido de Jesús hasta su inhumación, marcando el regreso a una tradición observada por Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Augustin Ancel, un parisino presente en la vigilia, vio en este gesto un "fuerte mensaje" y una forma de "humildad", ya que del papa tendemos a tener una imagen de lejanía, por pensar que es alguien que tiene un rol muy importante. Para Patrick Buehler, un estudiante de 20 años de Tennessee que vino a Roma por dos meses en un viaje universitario, es "una gran bendición para Estados Unidos tener un papa nacido allí".
El domingo por la mañana, León XIV presidirá la misa de Pascua en la plaza de San Pedro antes de pronunciar su bendición "Urbi et Orbi" ("A la ciudad y al mundo"), típicamente política y este año esperada con especial anticipación. Mientras tanto, en el Coliseo, Sarah mantenía viva su esperanza. "Siempre hay esperanza.
Si perdemos la esperanza, la vida ya no tiene valor", concluyó, reflejando el sentimiento de miles que, pese a la desesperanza, siguen creyendo en la posibilidad de la paz.
📰 Fuente: diariolibre.com






