El Llamado a la Paz del Papa León Xiv Bajo la Sombra de…

Más de 30. 000 fieles se congregaron en silencio frente al Coliseo romano para la tradicional vigilia del Vía Crucis, una noche en la que la esperanza de paz pareció chocar con la crudeza de un mundo en conflicto.

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La Semana Santa de este año llegó marcada por la guerra en Oriente Medio, un telón de fondo que no pasó desapercibido para quienes acudieron a escuchar el mensaje del nuevo pontífice.

León XIV: El Llamado a la Paz…

Entre la multitud se encontraba Sarah, una palestina católica residente en Estados Unidos, nacida en Nazaret. Llegó cinco horas antes para asegurarse un lugar y, mientras esperaba, reflexionaba sobre la compleja relación entre política y religión. "Desgraciadamente, política y religión no son una buena combinación", suspiró frente al imponente anfiteatro iluminado.

A sus ojos, los llamados del papa tienen sobre todo un valor simbólico. "Los gobiernos no escuchan. Siguen actuando a su antojo.

Prometen pero no cumplen sus promesas. Es política", lamentó.

La noche del viernes, los fieles —familias, laicos y religiosos— se sumergieron en un silencio solo interrumpido por cantos litúrgicos y meditaciones leídas al micrófono. Cada uno portaba un cirio, creando un mar de luces que contrastaba con la oscuridad de los conflictos que azotan al mundo. El papa León XIV, de 70 años, escuchó con los ojos cerrados mientras los asistentes recorrían las 14 estaciones que reviven el camino de Jesús hasta su crucifixión.

Esta fue la primera vez desde 2022 que el obispo de Roma participó en persona en esta conmemoración, organizada en el Coliseo desde 1964. Su predecesor, Francisco, había tenido que abandonar la tradición por motivos de salud antes de fallecer en abril de 2025 a los 88 años. León XIV recuperó así una costumbre observada por Juan Pablo II y Benedicto XVI: cargar personalmente una gran cruz de madera a lo largo del recorrido.

Para Augustin Ancel, un parisino presente en la vigilia, este gesto envió "un fuerte mensaje" y mostró "una forma de humildad", alejando la imagen de lejanía que a menudo se asocia con el papado.

El contexto internacional no podía ser más tenso. Estados Unidos e Israel desencadenaron la guerra el 28 de febrero al bombardear Irán, que respondió con ataques retaliatorios en estados del Golfo y un bloqueo efectivo del estratégico estrecho de Ormuz. En medio de esta escalada, el papa León XIV mantuvo conversaciones telefónicas con el presidente israelí Isaac Herzog y el ucraniano Volodímir Zelenski, reiterando su llamado a la paz.

El martes previo, había invitado al presidente estadounidense Donald Trump a "encontrar una salida" al conflicto que arrasa en Oriente Medio.

Para Geryes Bejjani, un libanés de…

Para Geryes Bejjani, un libanés de 33 años que viajó con amigos desde Beirut, la figura del papa representa algo único en el escenario político actual. "El papa es el único líder político sin interés personal. No hay una agenda oculta, no hay ambigüedades en su mensaje.

Y esa es su fuerza", aseguró. Su presencia en Roma, pese a las dificultades de viaje, respondía al deseo de "traer un mensaje de paz y de coexistencia".

Sin embargo, no todos compartían el mismo optimismo. Inés Duplessis, una francesa de 29 años que vino desde París para las fiestas de Pascua, admitió sentir que el gesto era "muy simbólico, pero nada más". "Por desgracia, hay tantos intereses políticos y económicos que es un esfuerzo casi perdido", añadió con resignación.

Sus palabras resonaron con la percepción de Sarah sobre el valor limitado de los llamados papales en un mundo dominado por agendas gubernamentales.

Para Patrick Buehler, un estudiante de 20 años de Tennessee que participaba en un viaje universitario de dos meses por Roma, la experiencia adquirió un matiz especial. "Es una gran bendición para Estados Unidos tener un papa nacido allí", comentó, refiriéndose a la condición de León XIV como el primer pontífice estadounidense en la historia de la Iglesia católica.

El domingo por la mañana, León XIV presidirá la misa de Pascua en la plaza de San Pedro antes de pronunciar su bendición "Urbi et Orbi" ("A la ciudad y al mundo"), un mensaje tradicionalmente político que este año se espera con especial anticipación. Mientras tanto, Sarah mantiene viva la llama de la esperanza. "Siempre hay esperanza.

Si perdemos la esperanza, la vida ya no tiene valor", concluyó, sus palabras flotando en el aire nocturno de Roma, entre las antiguas piedras del Coliseo y la luz titilante de miles de cirios.

📰 Fuente: diariolibre.com