Un general retirado abre por fin las páginas de un episodio que prefirió mantener en silencio durante décadas. José Miguel Soto Jiménez, exministro y escritor, acaba de publicar "Los muchachos de la democracia", un libro que reconstruye desde su perspectiva la gesta de un grupo de oficiales que, en plena crisis electoral de 1990, decidieron actuar para defender la voluntad popular frente a denuncias de fraude.
No fue un intento de tomar el poder, aclara el autor, sino de evitar que se desconociera el voto ciudadano. Hoy, más de 30 años después, esa historia emerge como una deuda moral con quienes se atrevieron a romper el molde tradicional de los movimientos militares en el país.
Jiménez: Los Muchachos de la Democracia…
El relato arranca en mayo de 1990, en plena contienda electoral marcada por las denuncias de un "fraude colosal" que involucraba a Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez. En ese contexto, dentro de las Fuerzas Armadas se formó un grupo de jóvenes oficiales con una visión distinta del rol militar. Liderados por Soto Jiménez, quien por entonces estaba inmerso en tareas del Sexto Batallón de Cazadores y en la docencia del curso de Comando y Estado Mayor, estos militares decidieron actuar sin nombre formal para evitar ser detectados por los organismos de inteligencia.
El movimiento, bautizado años después por el expresidente Hipólito Mejía como "los muchachos de la democracia", creció hasta alcanzar cerca de 170 oficiales en 1994, año clave por la crisis electoral vinculada a Peña Gómez.
El general insiste en que nunca se trató de una acción subversiva. No hubo levantamientos, enfrentamientos internos ni derramamiento de sangre. Su actuación se mantuvo dentro de una lógica de contención institucional.
Aunque Soto Jiménez reconoce que, visto desde hoy, se trató de una "anomalía institucional", insiste en que respondió a otra anomalía mayor: el riesgo de desconocer el voto ciudadano. Entre los protagonistas destacan Manuel Ernesto Polanco Salvador, José González Ramírez, Jorge Zorrilla Ozuna, Eurípides Uribe Peguero y otros coroneles comprometidos con la defensa de la institucionalidad democrática.
El libro no solo narra el episodio en sí, sino también lo que vino después. Varios de esos oficiales alcanzaron posiciones de mando y desde allí impulsaron reformas para la profesionalización y despolitización de las Fuerzas Armadas. Según explica Soto Jiménez, se diseñó un plan integral de institucionalidad que sirvió de base para decisiones adoptadas en el gobierno de Hipólito Mejía (2000-2004) y que, asegura, fue continuado por administraciones posteriores, incluyendo la de Leonel Fernández (2004-2012).
"El gran legado no es el grupo en sí, sino lo que se construyó después: unas Fuerzas Armadas más institucionales, subordinadas al poder civil y alejadas de la política", resume el autor.
Hoy, más de tres décadas después,…
Hoy, más de tres décadas después, Soto Jiménez evalúa que la construcción de la democracia comenzó décadas atrás a partir de la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Al analizar la democracia dominicana hoy, el escritor evita hablar de "si la tenemos o no", más bien la describe como un proceso en desarrollo. "Hemos avanzado mucho.
Es una democracia en construcción", afirma. Sin embargo, advierte que el mayor riesgo es el retroceso. "No podemos permitir que la democracia involucione.
Ha costado demasiado llegar hasta aquí", advierte.
Ante esto, llega una pregunta obligada: ¿qué rol deben jugar los partidos políticos para proteger la democracia y el país? Su análisis es claro: "El interés nacional debe estar por encima de cualquier interés particular. Las organizaciones políticas deben fortalecer el Estado de derecho, evitar prácticas que generen desigualdades y actuar con responsabilidad institucional".
Al mismo tiempo, coloca al ciudadano en el centro del sistema. "Hoy el principal actor político es el ciudadano consciente de sus derechos y deberes", insiste. Y enfatiza que la democracia no puede estar limitada a un concepto formal.
Debe traducirse en bienestar.
Frente a tensiones globales y escenarios de incertidumbre, el exministro apuesta por el fortalecimiento del sistema democrático. "La democracia no se debilita con más democracia, se fortalece. Se cura con más democracia", resume.
Expresa que los integrantes de "Los muchachos de la democracia" hoy están dispersos en distintas corrientes políticas, lo que, a su juicio, confirma que nunca "respondieron a intereses partidarios". José Miguel Soto Jiménez le dedica el libro al líder que apostó a la preservación de la democracia, José Francisco Peña Gómez, a quien cita así: "Al doctor Peña Gómez, a los 27 años de su partida, ‘porque la muerte no releva a los hombres del compromiso con la amistad’".
📰 Fuente: diariolibre.com






